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IV. 16 de enero del 2001. Cubanito2346

20 de enero de 2021

Ayer llegué y lo único que he hecho es dormir desde entonces, cada vez que levanto me asaltan un montón de pensamientos y no logro entender dónde estoy. Me quedé en casa de un cubano amigo de mi esposa alemana, porque ella está trabajando en otra ciudad, pero esos destalles de cómo me casé con una alemana se los cuento mejor otro día. Mi nombre no importa, por ahora les diré que soy cubanito2346 que es el nombre que le acabo de poner a mi nueva cuenta de email en el Yahoo. Parecía una tarea fácil hacerla, pues no había que esperar mucho tiempo para conectarse, pero el tiempo ganado en la conexión lo perdí tratando de encontrar una dirección libre para el correo electrónico. Dos horas estuve escribiendo posibles combinaciones de letras y números hasta que aceptó el cubanito2346 que no me gusta, pero me cogió cansado. Me imagino que ya existen unos 2345 cubanitos, que si lo piensas bien no son tantos.  En Cuba tenía una cuenta de correo que había hecho una vez, pero si la pude utilizar dos veces en tres años fue mucho, cuando no encontraba una conexión aceptable, el modem no paraba de hacer “pips” sin conectarse o no se accedía al Yahoo. Ahora como empiezo una vida nueva, me corresponde, por tanto, un email nuevo. Me resulta curioso y extraño que después de desear con todas mis fuerzas irme de Cuba, lo primero que hago es pensar en ella, crear un email para comunicarme con los que se quedaron atrás, llorar como un niño y preguntarme demasiado tarde que estoy haciendo tan lejos. Casi que me arrepiento, pero digo “casi” porque se me pasa rápido y no tiene asunto pensar en el pasado que no se puede cambiar. Si algo está claro en mi mente es que mi viaje fue en un solo sentido.

Me ayuda a recuperarme que he llegado a Alemania, un país del primer mundo, donde de lo poco que he visto, la limpieza y el orden son tan meticulosos que molestan. El aeropuerto de Frankfurt es tan grande que nunca llegué a saber cuándo habíamos salido de él porque con tantas edificaciones una al lado de la otra, el inicio y el final eran imposibles de determinar. Las carreteras tienen tantos carteles de lugares que voy a necesitar tiempo para adaptarme cuando empiece a manejar. Paramos en una estación de servicios a echar combustible y a tomar un café. El clima es frío y seco, pero no me molestó con el abrigo que me trajeron y el aire me resultó más fácil de respirar.  No sé hablar alemán, pero mis ganas de comerme el mundo me dicen que eso no es tan importante y mejor les creo. Antes de salir de Cuba compré un mini diccionario alemán-español en dólares en una librería del bulevar de Obispo en La Habana Vieja, de cuyo nombre no puedo acordarme porque no es La Moderna Poesía. Ese librito amarillo será mi mejor amigo y el encargado de salvarme la vida. Le debo que ya sé dar las gracias, decir cómo me llamo y preguntar dónde está el baño, expresiones que nunca he ensayado con un alemán ni las he comprobado en la práctica si funcionan, pero si algo me va a sobrar es oportunidad para hacerlo.

Un momento que ya me respondieron el primer mensaje desde Cuba. La verdad que los cubanos podrán ser cualquier cosa menos lentos y eso sin tecnología. El día que Cuba se abra de verdad, en cinco años llega al primer mundo y le sobran unos meses. Mañana seguimos porque después de revisar el correo me voy a parar en la ventana pues anunciaron nieve para hoy, ya de hecho debería estar nevando, pero aquí la gente del tiempo parece que también se equivoca.