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VII. 23 de enero del 2001. Gato fino.

28 de enero de 2021

Ayer fue un día super agitado y resolví muchos papeles necesarios. Salí bien temprano en tren hasta Heidelberg, que es donde oficialmente vivo yo, pero como mi esposa siempre anda de viaje, estoy más tiempo en Neustadt. La línea del tren que une Neustadt con Heidelberg es la misma que en sentido contrario llega hasta París. El tren es muy cómodo y el que monté tenía dos pisos, cosa esta que nunca imaginé que podía suceder con los trenes. Mi esposa alemana me estaba esperando en el andén y todavía no estoy seguro si se alegró de verme o cayó en la realidad del problema en que se había metido. Si te digo que estoy casado con una alemana, seguro que piensas en una rubia alta y despampanante, en este caso te llevarías una decepción porque ni es rubia, ni despampanante, ni alta. Tampoco quiero dar muchos detalles porque es mi esposa y me la quitan. La conocí en Cuba y yo creo que lo que más prima en ella es la vocación de ayudar, pues es muy buna persona. Yo no dudo que el destino juegue sus cartas porque si ella hubiese conocido antes de mí a un buen negro cubano, yo estuviera ahora mismo en la cola del pollo. Ella misma me confesó su atracción por la piel oscura junto con adicción al chocolate y me imagino en lo que estaba pensando cuando le presenté en Cuba a mi mejor amigo. Ese día descubrí sus deseos de pedirme el divorcio. Yo pagué todos los trámites de la boda en Cuba e incluso mi pasaje. ¿Cómo lo pude hacer? Otro día te cuento como me cayeron seis mil dólares del cielo cubano. Mi esposa es pobre y de ninguna manera ser pobre implica rechazo ni una característica que disminuya a la persona, simplemente no tengo la posibilidad de tomarme las cosas con calma. Tengo que empezar a trabajar lo más pronto posible porque no me sorprendería que me pidiese el divorcio y los doscientos dólares que tengo no creo que me duren mucho. Lo primero que me dijo con cara de preocupación, después de los saludos pertinentes fue que tenía que encontrar un empleo lo más pronto posible. Yo me molesté muchísimo y disimulé muy bien el enfado porque no me gusta que me digan lo que tengo que hacer, sobre todo cuando yo lo sé muy bien. Tengo que tragar en seco porque en estos momentos yo no aplico ni a la categoría de pobre, estoy peor que eso pues a los pobres aquí en Alemania les dan ayudas sociales, les pagan el seguro médico y hasta una parte del alquiler, pero como no he trabajado, ni a eso llego. Tampoco tengo que ponerme tan melodramático porque acabo de llegar y eso seguramente va a cambiar, depende solo de mí. La primera y necesaria acción es tener el permiso de trabajo, este es un país serio y sin permiso de trabajo no te contratan ni de lavaplatos, bueno si tienes buenos contactos como en cualquier otro lugar fuera posible, pero como ya te dije no soy ni pobre y los pobres no tienen tampoco contactos.

Las primeras gestiones fueron las de la inscripción en la dirección, fue un trámite muy rápido y de allí salimos a sacar el permiso de trabajo en el Arbeitsamt que es algo así como las oficinas del ministerio del trabajo. Mi esposa además de pobre debe de ser maga porque el papelito donde me autorizan a trabajar y que se llama Arbeitserlaubnis me lo dieron en menos de una hora. Ella se tenía que ir a trabajar y quedamos en vernos al mediodía frente a la estación de trenes, porque era de los pocos lugares que conocía de la ciudad. En el lobby del Arbeitsamt había unas cuantas computadoras desperdigadas y al sentarme en una de ellas descubrí que tenían un programa instalado para buscar empleos. Miré a todos lados y después de comprobar que otras personas las utilizaban y que estaban allí para brindar ese servicio, seleccioné la opción del idioma ingles para hacer búsquedas de puestos disponibles. Las palabras claves que utilicé fueron CAD y AutoCAD, que es un programa de diseño por computadora que utilicé mucho en Cuba y llegué a hacer un curso donde aprendí a programar dentro de este sistema. La computadora tenía acoplado una especie de mini impresora en la que podías imprimir los datos de las ofertas de trabajo que parecían interesantes. Estuve en aquel lugar cerca de dos horas e imprimí cerca de sesenta papelitos, que fueron todos los que a primera vista parecieron interesantes. Salí de allí eufórico y con los ánimos por los cielos al comprobar las posibilidades que se presentaban en distintos puestos en los que sentía que podía aportar algo. Sentado frente al Bahnhof, esperando por mi esposa comencé con la criba de los sesenta papelitos y cuando llegó mi alemana ya quedaban cuarenta. Heidelberg es una ciudad grande y bien conocida en Alemania. Es una ciudad universitaria y eso solo le da un encanto y una alegría especial, además de su belleza como una de las ciudades más bellas de Alemania y según mi esposa, la más bonita sin dudas. Hay gente joven por todos lados, bicicletas, movimiento y estamos en invierno, me imagino que en verano debe de ser un espectáculo. La ciudad Heidelberg se ubica entre unas lomas por donde fluye el río Neckar que es uno de los afluentes del Rin. La vista más famosa de la ciudad la encuentras desde una montaña del otro lado del rio y desde allí observas su castillo medieval bien conservado y los puentes que unen las dos orillas. Estuve toda la tarde por la ciudad vieja, entre cafés, librerías, comercios y miles de rostros jóvenes, agradables y risueños que te convencen sin mucho esfuerzo que la vida es bella.

Hoy en la mañana he hecho una criba más profunda de los papelitos y la cifra final de ofertas de trabajo que me interesan ha quedado en veinte. Pienso en Cuba y no puedo dejar de comparar. Miles de veces desee cambiar de trabajo, ganar más dinero y la única posibilidad era a través de un conocido, un amigo que te recomendara o pagar para entrar en la bolsa de empleo del turismo, en fin, casi imposible. Aquí en un país desconocido, sin hablar el idioma, ni tener ningún contacto, tenía veinte posibilidades de empresas que buscaban a alguien que podía ser yo. Veinte direcciones obtenidas con una facilidad espantosa, sin preguntar a nadie, ni pedir un favor. Mi esposa el jueves se tiene que ir a Hamburg y yo me voy otra vez a Neustadt. Hoy en el desayuno me volvió a repetir la necesidad de encontrar trabajo porque ella no podía sola. Además de molestarme, me dieron ganas de cagarme en su madre o de pedirle el divorcio allí mismo, pero me volví a aguantar. Respiré profundo creo que unas veinte veces. Veinte, si estuviese en Cuba le jugaba fijo a ese número en la bolita. Tibor, gato fino y orinal es el veinte en la charada. Me quedo mejor con gato fino y todo concuerda porque cuando salí a dar un paseo relajante por la orilla del río después de desayunar se me cruzó un gato fino y blanco por delante. ¿Que cómo sé que era un gato fino? Muy fácil, si ese gato supiera como viven y comen (y hasta se los comen) los gatos en Cuba, no tuviera ninguna duda de que tipo de gato es. El gato me acompañó hasta el Neckar y como yo se quedó absorto contemplando el sistema de compuertas que permite a los barcos pasar de un nivel al otro del río. Me apoyé en el muro que descubrí algo más alto que el del Malecón habanero y el gato blanco de cuerpo inmóvil giró su rostro para mirarme. La sonrisa que descubrí en los ojos del animal aclaró todas mis dudas: era un gato fino, finísimo.