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X. 16 de febrero del 2001. Válvulas Industriales

3 de febrero de 2021

Antes de las dos primeras entrevistas de trabajo llegaron otras tres invitaciones de empresas similares para conocerme con citas para la semana siguiente. Son oficinas de ingenieros que trabajan para las grandes empresas de la industria, hay dos en la zona de la ciudad de Mannheim y la tercera en Karlsruhe, pero decidí concentrarme en las entrevistas de esta semana antes de buscar información acerca de los nuevos puestos. Para la primera entrevista estaba más curioso que nervioso y aunque la lógica dice que partirla a la primera es casi imposible, yo no perdía las esperanzas. Con mi licencia de conducción cubana tenía la posibilidad de manejar seis meses, pero luego debía sacar la licencia alemana y como era muy cerca de casa de mi amigo, este me prestó su segundo carro. Manejando solo por primera vez tomé la carretera del bosque y llegué a mi destino habiendo estudiado con anterioridad las direcciones y el camino a tomar. Era una empresa pequeña y me reuní con el dueño y un ingeniero, ambos muy amables. Al inicio hablamos de cosas generales en alemán y mis estudios intensivos me demostraron que podía defenderme en cosas básicas, tanto así que alabaron mi nivel de alemán de tres semanas. Que estaba bien para tres semanas pero que para nada servía en temas complejos y por eso tuvimos que pasar al inglés. Muy pronto quedó demostrado que de válvulas industriales yo sabía lo mismo que una monja de borracheras. Me imagino que de alguna manera impresionados de que yo pudiera decir más de treinta palabras en alemán y pensando en que yo pudiera ser un genio me dieron un libro técnico bien grueso con toda la teoría de las válvulas en perfecto alemán. Me hicieron la propuesta de estudiármelo y ser capaz de darles una especie de conferencia para decidir si me contrataban o no. Yo tomé el libro muy contento agarrándome a la posibilidad que se abría y prometiéndoles una conferencia aleccionadora salí por el camino de regreso sin saber exactamente si me daban una oportunidad o se burlaban de mí. Al otro día la cita era temprano y mi amigo cubano con mucha más amabilidad que deseo de que me fuera de su casa, me llevó hasta el lugar y esperó por mí. Fue una entrevista interesante y en inglés, pero desde la primera pregunta del ingeniero supe que no iba a resultar. Su pregunta fue si estaba dispuesto a irme a trabajar unos años a México. Le dije que sí porque me di cuenta que si mi respuesta hubiese sido negativa, ahí mismo se acababa la entrevista y quise seguir para darle sentido al viaje, tener más experiencia con entrevistas y para dejar la puerta abierta a otra posibilidad en la empresa que producía llantas de aluminio para autos y tenía una fábrica en Querétaro. Pero mi permiso de residencia en Alemania era temporal por tres años, si me iba entraba en un terreno desconocido y supe que no sucedería, además que mí interlocutor insistía con la fábrica en México cada vez que podía. Salí de allí con deseos de poder irme a México y desilusionado porque sabía que no iba a ser posible. Las siguientes jornadas no solté con el libro de las válvulas y cuando me di cuenta que en tres días de buscar palabras en mi diccionario, analizar gráficos y estudiar gramática solo había analizado veinte páginas de cuatro cientas, no tuve dudas de que mi experiencia con las válvulas había terminado, porque incluso no tenía ni garantías del trabajo, aunque me comiese el libro. Molesto porque estaba seguro de haber sido parte de un experimento social sin mi consentimiento, pensé en quedarme con el libro, pero mi decencia pudo más. Decidí entonces enviarles el libro de regreso y lo metí en un sobre junto con una carta hipócrita donde les agradecía su confianza y les informaba que había escogido otra oferta de trabajo más ventajosa. La mujer de la tienda de bicicletas y correo a la vez me sonrió alegre por la ausencia de preguntas y salí caminando de regreso bajo otra tremenda nevada. Me sentí todavía desempleado, pero liberado de no tener que hacer una tesis innecesaria sobre válvulas y en el aire frío que respiraba encontré un aroma distinto que delataba que algo bueno estaba por pasar.