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XXVII. 11 de mayo del 2001. Yogurt de fresa

1 de marzo de 2021

Ha sido una buena semana. Este segundo curso, al tener la experiencia del primero, lo afronté con más confianza y puedo decir que este nuevo sistema CAD lo domino bastante bien. La profesora polaca no se limita para expresar su satisfacción de enseñarme bien e incluso ayudo un poco al español. El amigo madrileño es mecatrónico y no tiene tanta experiencia con el diseño CAD y por eso le explico algunas cosas. También estuvo el joven amable por aquí y con su rostro de buena gente me informó que fuese el lunes a su oficina temprano que de allí íbamos a la empresa donde comenzaría a trabajar. Eso es un problema porque el iría en su carro y yo en el mío, y él tiene un flamante Alfa Romeo nuevecito de paquete y el cohete va a pasar tremendo trabajo para caerle atrás. Por cierto, yo me monté en su carro cuando fuimos juntos a la empresa de Achern y pasé tremenda pena porque me dijo que pusiera la mochila en el asiento de atrás y no encontré cómo abrir la puerta.  Él no hizo un problema de mi subdesarrollo evidente y me ensenó que la palanca estaba escondida a la altura del cristal. Me olvidé rápido de mi pena porque me impresionó la solución de diseño tan innovadora, inteligente y de muy buen gusto que tenía ese carro italiano. Acordándome de eso me imaginé a mi carro parqueado al lado del Alfa Romeo y pensé que se iba a acomplejar, pero que se jodiera porque bastante que tenía un carro y, además, estaba limpio. Le pregunté a mi jefe si me podía dar la dirección del lugar y enseguida me dio unos papeles seguidos de un “Aber natürlich” que significa por supuesto en alemán. Busqué el lugar en el internet de la computadora de la escuela y vi que estaba algo cerca de la empresa que producía llantas de aluminio que me quería enviar a México, pero en un pueblito mucho más intrincado de nombre Menzingen.

Esta semana no me he quedado hasta tarde, sino más bien aprovecho bien el tiempo del curso y no necesito horas extras para aprender más. Durante la semana decidí ir cada día al supermercado y comprar solo lo que comería esa noche y de esa manera variaba un poco. También aprovechaba y me daba un paseo por aquel supermercado inmenso donde descubría cada día comidas o especias diferentes, desde granos, frutas, salsas, tipos de espaguetis y así hasta el infinito. Siempre encontraba cosas nuevas o me sorprendía de la variedad de cada producto como jamones o quesos que poco a poco iba probando, aunque estaba seguro que la vida no me alcanzaría para probarlos todos. Hubo dos cosas que me impresionaron de verdad. La primera fue la zona de los chocolates porque nunca imaginé que pudieran existir tantas variedades de chocolate. Los había con y sin nueces, con mucha o sin leche, con fresas, de sabores, hasta chocolate blanco había y en unos envoltorios que daban ganas de comérselos con papel y todo. No compré ninguno porque el chocolate no me motiva y porque con tanto por elegir no hubiera podido escoger entre tanta variedad. Lo segundo que me llamó la atención fueron los yogures. Casi igual que el chocolate de variado, pero yo que pensaba que el yogurt era líquido me di cuenta que no necesariamente, que de hecho los hay más cremosos que se comen como un helado. En los yogures no me fui en blanco y después de una hora mirando cada sabor y empaque, tomé la acertadísima decisión de un tanque de un litro de yogurt de fresa. Qué clase de cosa mas deliciosa, imagínate si estaba rico que cuando llegué a la habitación del hotel quise probarlo y como una droga adictiva no tuve la fuerza de voluntad de parar hasta ver el fondo del tanque plástico. Sin dudas lo mejor que he comido aquí en Alemania. Lo otro que hacía en las tardes después del supermercado era ir al Baumarkt, que es el mercado de herramientas y cosas para el hogar, como una ferretería cubana, pero mucho, muchísimo más grande. Me acordé de la ferretería «Feíto y Cabezón», en la calle Reina y sentí vergüenza ajena por la pobre quincalla habanera. Allí había de todo lo que es posible imaginarse y lo que no, también. Herramientas para todo en miles de tamaños y colores, máquinas que ni sabía para que servían, bombillos de todos los tamaños, plantas y herramientas de jardinería, azulejos, maderas, puertas, sacos de cemento, en fin, todo. La sección de los tornillos era el ejemplo clave, allí estaban todos los tipos de tornillos posibles en todos los tamaños, de madera, de chapa, con cruz en la cabeza, con una raya, tornillos Allen y otros tornillos que no sabía que existían.  En ese momento me di cuenta que todo cambiaba para mí. En Cuba cuando se tenía un problema técnico o se quería reparar algo se buscaba lo que se tenía y con eso se resolvía, auqnue a veces las soluciones resultaban un poco chapuceras. Recuerdo que mi padre cada vez que se rompía un equipo y no tenía arreglo le sacaba el cable y hasta el más mínimo tornillo y lo guardaba. Y ni hablar de cuando le gasté la cinta de entizar cables para recuperar una pelota de beisbol, ese día le subió la presión porque quería arreglar una lámpara y no había como recubrir los cables pelados. En el Baumarkt alemán estaban las cintas adhesivas de todos los colores a centavos. Aquí en Alemania tú tienes un problema y vas a ese lugar y compras exactamente lo que necesitas para resolverlo, así de simple. A este tipo de tiendas voy a venir mucho porque la mujer de la casa me llamó para decirme que, aunque le empiece a pagar el alquiler en junio, puedo ya comenzar a meter cosas en la casa o a hacer arreglos que me da la llave cuando quiera.

Un día en el curso me sucedió algo curioso: como a las cinco de la tarde estaba solo en el local a punto de salir y la profesora polaca me dijo: “Machen Sie feier Abend” que si lo traduces literalmente sería “Haga usted una tarde-noche de fiesta”. Dicho así parecía una insinuación y me emocioné un poco porque ya hacía días que me preguntaba si sus pechos eran de verdad o mandados a hacer, pero mi amigo el diccionario que compré en Cuba, muerto de risa por mi perversión, me informó que “Feier Abend” es una frase muy utilizada en alemán que significa terminar de trabajar. Me alegré de haber aprendido algo nuevo y de comprobar que los alemanes asocian terminar de trabajar con alegría. Estaba en el país perfecto. También hay cosas malas como ahora que hice una pausa en una estación del Autobahn para comprar algo de comer y me decidí a probar una McDonald. Tremenda decepción, hasta las papas fritas estaban malas. A mí me dejas con mi currywurst y mi yogurt de fresa. Ya dije yogurt de fresa y se me hizo la boca agua, antes de llegar voy a pasar por el super a comprar dos tanques de un litro. Esta noche no voy a parar de comer hasta que el yogurt de fresa se me salga por los ojos.