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XVII. 6 de abril de 2001. El curso de CATIA

15 de febrero de 2021

Acabo de terminar la primera semana del curso de CATIA y tengo que reconocer que, con sus problemas, ha sido un éxito. Yo creo que el Herr Molina es un jodedor y sí sabe hablar español, pero seguro que el hijoeputa de mi jefe (Si lee este diario me despide) le dijo que no lo hiciera o lo hace para divertirse viendo como yo no entiendo nada de lo que él dice.  Eso de no entender nada es literal, pero estamos solos frente a una computadora y veo lo que hace mientras explica. El curso es muy práctico pues consiste en una media hora aclarando temas y luego se retira y me deja con un ejercicio para que intente repetir lo que acaba de explicar. En ese momento me vuelvo todo concentración, empiezo a probar lo que he visto a Molina hacer antes y me dejo guiar por mi intuición aprovechando que el idioma del programa es el inglés. También tengo experiencia de trabajar con otros programas CAD en Cuba, que me ayudan a entender la lógica del trabajo. Trato además de hacer las menos preguntas posibles porque me falta mucho vocabulario y gramática para hacer entender dudas muy específicas. De todos modos, muchas veces sin remedio lo intento y casi la mitad de las veces el profesor adivina lo que quise decir. Al final lo que cuenta es el resultado y ha sido bueno porque he logrado un nivel bastante aceptable, me gusta lo que estoy haciendo y Molina está impresionado de las cosas que puedo ya hacer y la rapidez con la que aprendo sin entenderle una palabra.

En el lugar del curso hay otros alumnos que aprenden otras cosas, son en su mayoría extranjeros de Europa del Este y nos encontramos en las pausas de café a chapurrear alemán mal hablado. Ya se dieron cuenta que deben esconderme las galletas con crema, que son las que espantan el hambre del mediodía y me empujan a salir a coger aire o me permiten seguir aprendiendo solo frente a la computadora en el horario del almuerzo. El lunes salimos todos juntos e hice una pausa de estudiar rutas de buses o trenes dejándome guiar por ellos para llegar al hotel sin estar revisando papeles. Fue relajante.

El hotelito está bien, es un poco viejo, pero esa onda de antiguo no me molesta. Es muy minimalista y solo hay espacio para lo que tiene: la cama grande frente a una mesa con una silla donde descansa un televisor, a un lado de la cama una ventana que ni se me ocurre abrir del frío que hace y del otro un closet. A este cuartico de no más de tres metros por tres se llega a través de un pasillito que tiene el baño a un lado. Es pequeño, con buena calefacción, agua caliente, en fin, tiene todo lo que necesito y me recuerda a mi padre que siempre decía “pobres pero limpios”.  Después que me instalé salí a buscar algo que comer porque ya mi estómago quería algo más que café y galletas.

Entré en un Lidl, que es uno de los mercados más baratos aquí y compré comida para toda la semana al módico precio de unos siete marcos y algo más (unos 4 dólares). Aquí te muestro mi lista de compras para que me creas.

1 bolsa de pan de molde (la más barata de todas) 2 Marcos y piquín

1 pomo de cristal con 10 salchichas (No había nada que no necesitase congelación que costase menos) 2 Marcos y picón

1 Tetrapak de Jugo de Naranja de 2 litros (porque si no me atraganto) casi 3 Marcos.

La semana completa me la pasé comiendo dos panes con salchicha y dos o tres vasos de jugo de naranja y no me quejo. Estoy supercontento de mi ahorro, pues una de mis preocupaciones consistía en que no me alcanzase el presupuesto reducido. Gracias a esto me puedo exceder un poco el fin de semana y conocer la ciudad como una persona pobre decente. Hay un dicho que dice “come como un rey, almuerza como una persona y cena como un mendigo”. Yo fallé en el almuerzo, pero el desayuno y la cena los apliqué al pie de la letra. La causa de esto radicaba en que el desayuno era gratis en el hotel y si analizamos bien todo lo que comía, el pan con salchicha nocturno parecía hasta exagerado.  Para los treinta o cuarenta huéspedes del hotel había en un saloncito reducido algunas mesas y alrededor de ellas, para beber, jugos de naranja y de piña además de leche y café todo el que quisieras. Encima de una mesa una cesta grande se repletaba de distintos tipos de panes, al lado de una barra con jamones, quesos, salmón ahumado, mantequilla y dos o tres cosas que no descubrí que eran y no me atreví a probar. En un lugar caliente había bacon y huevos revueltos muy cerca de los yogures naturales y de sabor, además de frutas frescas picadas. Me pregunté si aquel era el desayuno de un hotel sencillo, cómo sería el de uno de lujo y no encontré respuesta. Todos los días me levantaba temprano para desayunar con calma a las 7:30 y quien más me lo agradeció fueron las galletas de crema a quienes ni las miraba hasta la pausa de las diez de la mañana por lo menos.
Ahora es viernes por la noche y estoy cansado y feliz, me voy a quedar a comerme mi pan con perro de la cena y a ver televisión. Voy a buscar una película que ya conozca para que no sea tan difícil entenderla con el alemán porque los alemanes lo traducen todo y no usan subtítulos, pero lo hacen muy bien, pues buscan actores con voces similares. Hablando de buenos actores me viene a la mente mi profesor del curso. Yo ahora mismo apuesto lo que sea con los ojos cerrados sobre los idiomas de mi profesor, porque a mí no me jode nadie que el cabrón de Molina sabe hablar español, pero no me importa, ya me adapté a este juego y funciona, que se vaya a hablar español con su abuela en Puerto Rico. Mañana me voy a Stuttgart.