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XXVIII. 13 de mayo del 2001. Capitalismo raro

8 de marzo de 2021

Este fin de semana todo ha salido de maravillas y lo mejor es que en un mercado muy cerca de mi futura casa encontré un yogurt de fresa más sabroso que el que compré en Stuttgart. Es mucho más cremoso y tiene los pedazos de fresa casi enteros dentro. No voy a escribir más de eso porque voy a tener que parar a meterme un tanque.  Ya se oscurece la tarde de domingo y voy a hacer “Feier Abend” que mañana tengo que estar temprano en Karlsruhe.  El viernes recogí las llaves del apartamento y cuando la dueña me las dio me recomendó que aprovechara para botar cosas porque era Spermüll. Yo le pregunté enseguida que era eso y me dijo que dos veces al año se pueden sacar para afuera todas las cosas grandes que se quieran botar que después las recogían y podía botar lo que no quisiera de la casa. Yo me puse muy contento porque recordé que mi amigo me había hablado de eso y que la gente botaba cosas que todavía estaban en buenas condiciones. Me propuse entonces hacer un paseo el sábado por la ciudad de Neustadt a ver qué se encontraba.  El viernes mismo cuando la dueña de la casa se fue me dediqué a botar los muebles que no servían y entre ellos el mueble de la cocina que estaba hecho lena junto con tres ratones momificados que habían muerto me imagino que de hambre. La cocina eléctrica con su horno que nos habían dejado funcionaba a las mil maravillas y también dejé un mueble de madera de la esquina de la cocina donde lo mismo te sentabas que guardabas cosas dentro. La primera vez que fui al baño me di cuenta de la prioridad número uno. Parece que en los años setenta y ochenta a los alemanes les molestaba mucho salpicarse el culo cuando cagaban y desarrollaron un diseño de taza de baño para evitar las gotas molestas. Este nuevo diseño también era ideal para preparar muestras de heces fecales porque el hueco por donde salía la mondonguera estaba muy hacia adelante y no directamente debajo de la salida del desperdicio humano donde se ubicaba en las tazas tradicionales y que provocaba que al caer bulto ocurriese la salpicadera. En esta taza el bulto no caía en el agua sino en una zona lisa y no salpicaba, pero metía tremenda peste y hasta ganas de vomitar te daba hasta que no halabas la cadena y se iba todo. Ese diseño que se le ocurrió a un alemán que odiaba el dicho “cagar y no ver la mierda” no me hacía gracia y decidí el primer día cambiar la taza y el tanquecito que tenía salideros y era de antes de la segunda guerra mundial. En el Baumarkt no me demoré mucho porque de los treinta tipos de tazas que había y sus tanquecitos escogí los más baratos que también venían con sus tornillos para el anclaje y todo, además de la tapa del baño que resultó se simple, barata y plástica. Ese mismo día no paré hasta montar la taza y todos sus accesorios porque quería tener la suerte de inaugurar mi trono soltando los desperdicios de yogurt de fresa en un lugar limpio, aunque me salpicase el culo. Esa primera noche dormí en uno de los colchones de personales que me regaló mi amigo cubano que ya no quería junto con un mueble para una computadora y dos gaveteros.

El sábado en la mañana después de la ceremonia de apertura del trono salí para la ciudad de Neustadt más curioso que esperanzado de encontrar algo interesante, pero mis expectativas se superaron ampliamente cuando regresé con una bicicleta estática para bajar de peso, una lampara de pie, un televisor chiquito, algunas sillas y un refrigerador que cuando lo estaba revisando salió un viejo con acento ruso a gritarme: “está bueno, está bueno”. No cargué con más cosas porque ya mi amigo me había prometido que un conocido suyo me iba a regalar un escaparate con una cama, una mesa de comedor con sus sillas y un sofacito. Lo que si decidí comprarme el sábado por la noche fue una lavadora, que también es la más barata, pero da vueltas con la ropa dentro, igual que las otras.

En el televisorcito solo pude ver los programas del sábado porque falleció mientras dormía la mañana el domingo, yo creo que no resistió el cambio de casa y por lo menos me dio tiempo a botarlo en el mismo Spermüll que se llevan el lunes. Ya busqué al instante en los clasificados un tipo que estaba vendiendo un televisor usado que me parece bien e hice una cita para el próximo sábado por la mañana para buscarlo si me gusta. Es muy curioso que en cada conversación aprendo algo. Resulta que en alemán la palabra “Morgen” significa mañana como en español el día después de hoy y también el tiempo antes del mediodía, pero para definir un momento en alemán Morgen básicamente es el día después de hoy. Cuando hable con el señor y el pregunto por el día en que nos veríamos le dije “am Samstag Morgen” y eso fue un soberano error porque el hombre me ripostó, ¿nos vemos el sábado o mañana?, pero los dos no pueden ser a la vez. La forma correcta de decirlo sería “Samstg vormittag”, cosa que aprendí ese mismo día. Y me voy a dormir a ver si de verdad empiezo a trabajar mañana que llevo un mes y medio ganando dinero y entre tanto curso no he disparado ni un chícharo. Quién me iba a decir que aquí iba a trabajar menos que en Cuba y a ganar mucho, mucho más. Este capitalismo que me ha tocado está un poco raro.