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XXII. 23 de abril del 2001. Si tu mal tiene cura, para que te apuras

22 de febrero de 2021

Yo creo que me estoy volviendo loco, cosa que tampoco tiene que ser mala pues a veces las mejores decisiones se toman sin tener tanta información, apenas por pura intuición. Tener tanta información te aturde y es casi igual a no tener nada. Escribo esto porque después que pasó mi ira de hace dos días lo único que hago es reírme cuando recuerdo a mi jefe diciéndome que no le diga más que sí, que él me está preguntando otra cosa. Me resulta muy gracioso que me haya atrapado en mi estado de no haber entendido nada y seguir como si nada. Si volviera atrás cambiaría mi respuesta y le diría: “Ups, compadre, es que usted hace cada pregunta rara que no entiende nadie, ahora al cuarto intento se lo respondo en inglés”. También la cara de incomodidad de mi jefe fue muy cómica y no precisamente porque hubiese sido igual que me hiciese la pregunta en japonés, sino porque le molestaba sobremanera que no me le hubiese saltado al cuello para ahorcarlo y así poder despedirme de manera fulminante. Yo creo que siempre me quedaré con la duda si el tipo es un pedante o una novia cubana lo maltrató y la estaba cogiendo conmigo. Pero dentro de mi problema, que no es tan grande porque estoy ganando un salario y suceden cosas buenas. La mejor de todas es que no tengo que metérmelo más. Al día siguiente de mis tres estúpidos Síes me llevó, me imagino que para justificar que había hecho algo, a la empresa Heidelber Druck Maschine y estuvo tratando, sin mucho esfuerzo, de venderme a un proyecto que tenía con ellos. La respuesta como era de esperar fue negativa y aprovechó para enviarme de vuelta a la filial de Karlsruhe, donde me habían contratado inicialmente. Me alegré de volver a ver al joven amable que me hizo la entrevista y allí me di cuenta que mis buenos resultados en el curso de Stuttgart me habían salvado la vida, pues mi enemigo de Mannheim había hablado pestes de mi alemán. Tan malo fue el comentario que me enviaron a un curso intensivo de alemán de una semana en el que algo aprendo, aunque estoy seguro que lo que necesito es tiempo. Para que mi oído se adapte a el idioma, para que mi cerebro se acostumbre a que las reglas de formar oraciones son completamente al revés y para decir los números, porque en alemán sesenta y nueve se diría nueve y sesenta. Ya había comentado que en este idioma hasta que no llegas al final no sabes bien de que va todo.

También aprovecho ahora que tengo más tiempo para buscar un carro que pueda comprarme. Ni soñar con los precios de las concesionarias, porque además como no tengo contrato fijo todavía, nadie me da crédito, sumado a que mi permiso de residencia es temporal hasta el 2004. Por lo tanto, tengo que buscar entre los cacharritos de personas privadas. Compro todos los días el periódico y me leo la sección de venta de carros y de los varios anuncios que he marcado, he visto algunos que están cerca pero que no me han convencido. Ayer fui a ver a un Volkswagen Passat del 85 que me parecía interesante hasta que le pedí al hombre dar una vuelta. El vendedor del carro me dijo antes de encenderlo: sal de allá atrás que cuando arranca suelta aceite por el tubo de escape. Evidentemente no lo compré y es una lástima porque costaba 500 Marcos (unos 250 dólares), pero me iba a dejar botado en cualquier esquina.

Hace unos minutos he hecho una pausa por dos llamadas que he recibido, la primera era de mi firma porque mañana temprano vamos a ver a un cliente y la segunda era de mi amigo cubano que me ha alegrado más. Dentro de un arto pasa a buscarme porque vamos a ver primero un carrito que vende una amiga de su esposa. Eso es genial porque es una persona de confianza y no me va a vender un problema. Lo otro que vamos a ver es un apartamento que están alquilando a un precio fantástico muy cerca de su casa. Me resulta tan curioso y chocante a la vez el trabajo que pasa un cubano en Cuba para poder tener un apartamento donde vivir y un carro para transportarse. Esa aparente simpleza se sobrevalora tanto por ser casi imposible en la isla mientras son dos cosas tan fáciles de lograr en muchos lugares. Casi con total seguridad puedo asegurar que en dos semanas máximo tendré las dos y por supuesto que nada de lujos, pero es un buen comienzo. Ya viene mi amigo, espero que esta vez la dueña del carro no me diga que me quite de atrás cuando lo vaya a arrancar.