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XXIV. 27 de abril del 2001. El Cohete

24 de febrero de 2021

Ya me pagaron el primer salario y por poco me da una cosa cuando vi tanto dinero junto en mi estado de cuenta. Aunque si soy sincero de verdad, no puedo decir la frase típica de nunca he tenido tanto dinero junto porque no es cierta. Gracias a que una vez si tuve seis mil dólares juntos que me cayeron del cielo pude salir de Cuba, pero ese cuento te lo hago un día de estos porque primero tuve que salir corriendo a pagarle el carro a la alemana para que me diera la propiedad y poder sacar la chapa. Hoy cogí el día por vacaciones para resolver esto, porque lo tengo parqueado sin chapa y ya parezco un loco que se sienta cada cinco minutos para creerme que es mi carro, aunque no lo pueda usar. Hablando de vacaciones, tengo veintiséis días de vacaciones al año que suben un día por año que trabaje en la firma hasta que sean treinta y por cierto los puedo tomar cuando yo quiera, como hoy. Un alemán me diría, por supuesto que puedes coger vacaciones cuando quieras, pero eso es porque él no ha trabajado en Cuba. Lo primero para el carro era sacarle el seguro, aquí para tener el permiso de circulación de un auto y con él la chapa es imprescindible sacar mínimo el seguro de daños a terceros, que fue el que elegí porque cualquier cosa que le sucediera a mi carro me costaba más repararlo que comprar otro. Tuve la suerte de que el seguro lo sacara mi esposa porque aquí cada cual tiene un récord de accidentes para los seguros de carros y en dependencia de eso te cobran un por ciento que sube y baja tengas o no accidentes. El problema es que si quieres sacar un seguro por primera vez te sale super caro porque te encajan el 200 por ciento y como mi esposa alemana lo saca, empiezo pagando solo el 60. El seguro lo sacamos en una oficina de ADAC que es club de automovilistas alemanes y me esposa me recomendó que sacase una membresía de ese Club, porque es muy útil en caso de averías, pero no le hice caso porque no quería gastar más dinero. Entonces con los papeles del seguro y la propiedad fuimos a inscribirlo a nombre de mi esposa y me dio igual, porque de todas maneras lo manejaba yo. Cuando lo matriculé me encajaron el impuesto ecológico que depende de las emisiones del vehículo y se paga anual. Con las chapas en la mano cuyos números elegí al azar, aunque podía escoger una combinación específica pagando un poco más, salí corriendo a ponérselas a mi cohete personal.  Después que las puse me quedé cinco minutos escuchando el run run del motor y con el corazón a mil salí manejando mi primer carro propio hasta la gasolinera más cercana a llenarle el tanque. Después que le puse la gasolina de más octanaje para inaugurarlo por todo lo alto decidí que lo primero era bañarlo. Pobres pero limpios diría mi padre. No sería el carro más lujoso, pero limpio estaría. Aproveché que en la misma gasolinera había una fregadora, pero había un problema:  No sabía cómo funcionaba el aparato de fregado. Me recordé entonces una vez que de niño estaba en el Lada de mi padre cuando lo llevó a una fregadora que estaba por Primelles y Boyeros, allí el carro se ponía sin frenos y se iba moviendo por la calle de fregado. Hice entonces la asociación errónea y parqueé el Polo en medio de la nave y no le puse el freno de mano. Traté de adivinar los programas de la máquina y después de pagar apreté el botón verde que puso en funcionamiento el sistema. El equipo le metió primero tremenda ducha al carro, pero la situación se puso compleja cuando el cepillo de espuma comenzó a entrarle por el frente. El carro sin freno de mano empezó a moverse para atrás y yo caí en modo desesperado.  El cepillo seguía empujando al carro y yo lo único que podía hacer era tratar de aguantar inutilmente el carro para que no se moviese, porque la fuerza del cepillo era mayor. Me puse a correr delante de los mandos de la máquina sin saber que hacer y cuando ya el carro casi salía de la nave, me acordé que el carro era un pisicorre y tenía por suerte la puerta de atrás sin llave. Lo abrí rápido y metí tremendo salto como si me tirara entre tercera y short y tuve que hacer un esfuerzo extra para estirar mis manos hasta el freno de mano y ponerlo. Cuando salí había un grupo de alemanes que trabajaban en un taller cercano muertos de risa y uno de ellos me mostró en los mandos un botón rojo más grande que mi cara para cancelar las operaciones. Le agradecí todavía nervioso y cuando puse el carro nuevamente en su lugar y esta vez con el freno de mano bien apretado, me dio un ataque de risa que duró varios minutos. Con el carro bien limpio salí entonces a dar una vuelta por algunos pueblitos entre las montañas cuando me llamó el jefe. Paré para hablar con él y me dijo que no iba a ir más a la empresa de Achern. Tenía un puesto nuevo para mí, pero era en otro sistema CAD, de nombre IDEAS y el siguiente lunes tenía otras dos semanas en el centro de preparación de la firma en Stuttgart para el curso. Me alegré de regresar a Stuttgart donde podía esta vez hacer una visita con mejor presupuesto y además usando mi flamante cohete nuevo que es un poco ruidoso de motor, pero cuando le subo el volumen del radio hasta los mameyes ni cuenta me doy.