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XXXII. 24 de mayo del 2001. Día de los padres alemanes

19 de marzo de 2021

Cuando uno llega a Alemania piensa que las personas en este país son más inteligentes porque fabrican los mejores carros del mundo y es verdad lo de los carros, pero la diferencia ya había dicho que la hace la organización y la disciplina, no la inteligencia. La proporción de gente talentosa, mediocre y de hijoeputas es más o menos la misma en todos los lugares  Una de las primeras experiencias que me llevó a esta conclusión es la celebración del Día del padre en Alemania. Les explico. Hoy jueves se celebra el día que ascendió Jesús al cielo, la fecha de esta celebración varía cada año y está marcada para el día cuarenta después de Pascua. Esta jornada es feriada en todo el país cristiano, y pocos se acuerdan del Cristo pues los padres alemanes se lo cogieron para ellos. Me cuesta entenderlo como día del padre acostumbrado al día del padre cubano, donde el padre está con sus  hijos y recibe regalos, aquí no y no es un día que se promocione como el día de las madres. Los padres alemanes no se dejaron imponer las reglas del mercado y en silencio decidieron que, si el día es de ellos, pues hacen lo que les da la gana La pregunta entonces sería ¿Qué quieren los padres alemanes? Estoy seguro que a los padres cubanos si les dejan elegir se les hubiera ocurrido una fiesta más divertida, pero sin dudas las diferencias culturales son muy marcadas. Los alemanes quieren que los dejen tranquilos y olvidarse de la mujer y los hijos e irse a tomar cerveza con los amigos. Mi amigo alemán del futbol, al que todavía algunas veces voy, (porque el tiempo ha mejorado mucho) me invitó a una celebración. Me pasó a buscar por la mañana temprano y fuimos hasta el bosque donde dejamos parqueado el auto en un parqueo de caminantes y salimos por un sendero en dirección a un Biergarten  en el medio del bosque. Yo no me cagué en su madre porque además de ser gentil es un tipo muy amable y le gusta ensenarme sus tradiciones, pero mucha gracia no encontraba en la caminata de 4 kilómetros por un lugar muy bonito, pero con doscientos o trescientos metros hubiera sido suficiente. El camino al Biergarten me lo metí diciéndole al alemán que aquello era muy divertido, pero por dentro me acordaba de los ancestros del hijoeputa al que se ocurrió hacer su negocio en el bosque a cuatro kilómetros de la carretera. Claro que cuando llegamos a la cabaña rústica su constructor no me pareció tan jodedor y sí más inteligente porque había una carretera que llevaba exactamente hasta el lugar, pero la gracia era la caminadera. Yo creo que a los alemanes lo que les hace falta es pasar un poco de trabajo, si ellos hubiesen tenido que montarse en una guagua a las doce del día cubano o caminar los cuatro o más kilómetros porque la misma guagua no pasaba se les hubiera quitado las ganas de caminata para siempre. Pero seamos justos y es verdad que al final de la caminata lo que hay es cerveza y salchichas y eso también lo cambia todo. Cuando llegamos pensé que aquello se iba a poner bueno pues el lugar estaba apartado e imaginé que, seguro que en cualquier momento arrancaba la fiesta, ponían la música y llegaban las muchachas, pero como a las seis de la tarde me di cuenta que aquello era la fiesta. Yo creo que la decepción mía proviene de las expectativas que me hice. Ya sé que la música si hubo era bien bajita porque lo principal era conversar, nada de baile, mucho menos de muchachas, con excepción de las que trabajaban en el lugar y mucha salchicha alemana. Embutidos lo mismo servidos con pan, comidos con mostaza, cátsup  y mayonesa o metidos dentro de los calzoncillos de todos los participantes en la fiesta de machangos conversadores. Yo creo que a mí el alcohol me activa los sentidos y le dije a mi amigo que me sentía mal como a las ocho, pero bien en el fondo lo que estaba era preocupado acerca de la manera en que podía terminar aquella fiesta masculina de hombres borrachos hasta la médula. Esto claro que es broma, porque sé que mis amigos alemanes son gente buena, solo que es otra cultura y es bien difícil adaptarse a una fiesta desde mi punto de vista tan aburrida, donde ni hablar dos o tres veces de Cuba la salva del bostezo.  Es sin duda una experiencia interesante y aleccionadora, sobre todo por el hecho de que con toda seguridad el próximo año no la vuelvo a repetir, porque como les dije al principio, la proporción de personas inteligentes es la misma en cada lugar de este planeta.