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XXXV. 15 de agosto del 2001. Chofer ilegal

28 de marzo de 2021

A veces me domina una mala costumbre nada alemana de dejarlo todo para el final y cuando ya no hay tiempo mandarme a correr.  Eso me ha sucedido con la licencia de conducción; manejando con la licencia cubana había olvidado que solo tenía seis meses para manejar con ella y que me quedaba poco más de un mes para no convertirme en un chofer ilegal. Pude haber pensado que un mes es tiempo suficiente para sacar la licencia de conducción, sobre todo porque sabía manejar perfectamente, de hecho, lo hacía todos los días y nunca me había detenido un policía y las multas no pasaban de simples excesos de velocidad. Claro que lo del policía es muy fácil porque aquí no se ven policías en las calles, si he visto más de dos en estos meses ha sido mucho. Desde que comencé los trámites en la ciudad de Heidelberg que es donde resido oficialmente me di cuenta que había esperado demasiado. Aquí para sacar la licencia hay obligatoriamente que inscribirse en una escuela de automovilismo y cuando la escogí, me dieron un montón de papeles para llenarlos y llevarlos al ayuntamiento donde tuve que sacar una fecha para hacer un curso de primeros auxilios. La fecha más próxima a elegir  era un sábado en poco más de una semana, lo que significaba que ya el tiempo que consideraba suficiente comenzaba a ser poco. El sábado del curso me tragué un día entero en la pachanga, me hicieron pruebas de la vista, de colores y aprendí a reanimar con masajes en el pecho, a dar boca a boca, a tratar a un herido de accidentes, primeros auxilios y mil cosas más que lamentablemente las he olvidado todas. Espero que si un día me encuentro en una situación traumática se me renueve la memoria. Después de ese curso pude entonces sacar una fecha para hacer el examen escrito que por suerte se puede hacer en español porque es una licencia europea y el castellano es un idioma oficial de Europa. La fecha  de la prueba fue en otra semana y media para ya poner a temblar al 15 de Julio como límite de validez de mi licencia cubana en Alemania. Las casi dos semanas no vinieron mal porque me pude preparar bien para la prueba con una guía que un conocido cubano que había terminado el trámite me regaló. Lo bueno de la prueba teórica, además de ser en español, es que ese mismo día, unos minutos después de terminar te dan el resultado de aprobado o de suspenso, que significaría pagar otra vez para hacer otra prueba y perder otras dos semanas. No sé qué nota saqué, pero aprobé sin problemas y cuando creí que como ya tenía licencia de otro país podía hacer la prueba práctica, me llevé una sorpresa. La escuela de automovilismo me exigía hacer clases prácticas antes de llevarme al test. Aquí el examinador, que no es un policía como en Cuba, está en contacto con la escuela y de alguna manera la escuela cuando te lleva a la prueba es que ya estas listo, aunque la puedes cagar si te pones nervioso. No me quedó más remedio que sacar turnos para las clases de manejo, que hay que pagar por supuesto y no son nada baratas. Con los turnos de las clases de manejo ya finalmente la fecha límite se convirtió en chiste y tenía ante mí la decisión de ser disciplinado y no manejar un carro más hasta que no tuviera licencia o convertirme en un chofer ilegal. La cosa era bien simple, si sucedía un accidente manejando la culpa sería toda mía, fuese realmente mía o no y para rematar el seguro no cubriría los gastos. Al principio la decisión fue fácil con esos truenos, pero la conexión de trenes para ir al trabajo era infernal porque debía cambiar tres veces de tren y demoraba casi tres horas de camino en cada dirección.  A la semana y con más tiempo de tren que un viaje a Cuba desde Frankfurt ida y vuelta decidí que valía la pena convertirme en un chofer ilegal por un tiempecito, solo debía tener mucho, mucho cuidado mientras manejaba. De esa manera y respetando todas las leyes del tránsito, incluso las de exceso de velocidad, retomé el cohete que había estado una semana dormido. Con él fui a todas las clases de manejo en los autos de la escuela  y  aprendí algunos trucos de la prueba que me resultaron sin dudas muy útiles. Al mes exacto del límite vencido se fijó la fecha de la prueba práctica cuando el profesor de la escuela me informó con tremenda solemnidad y dándome la mano que no necesitaba pagar más clases porque ya estaba listo. Hace un rato acabo de hacer la prueba práctica con el examinador a mi lado y el profesor de la escuela detrás. Después de terminar el recorrido el profesor de la escuela me felicitó y cuando iba a preguntar donde debería recoger la licencia, el examinador sin responderme escribió algo apoyado en la tablilla y me entregó mi licencia. Le di la mano a los dos con ganas de darles un beso de la alegría que tenía y recordando el tiempo que hacía que no saludaba a una mujer con un beso salí corriendo hasta el cohete a escribir. Respiro aliviado porque por fin voy a salir a manejar legal, puedo tener incluso un accidente que el seguro paga, no, no, espera que tampoco hay que exagerar, mejor no, cero accidentes. Tengo un problema menos, arranca cohete que nos vamos.