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XXXVI. 11 de septiembre del 2001. Tragedia

30 de marzo de 2021

Con todo el trabajo básico en la casa hecho y con la estabilidad laboral lograda decidí que era el momento de estudiar más alemán y matriculé en un curso en la Fachhochschule de la ciudad de Neustadt. Esta decisión vino acompañada de otra más radical: No hablaría más inglés ni en el trabajo ni en ningún lugar y debía intentar bien o mal comunicarme en alemán. Las clases resultaron bastante bien hasta que llegamos a las declinaciones y ya me enredé. Había decidido sin dudas llegar al final porque lo que se empieza se termina, pero la nueva estrategia de leer, escuchar y hablar más en alemán, ayudado por las consultas gramaticales me parecía mejor que estudiar mucha gramática porque a veces lo más importante es hacerse entender rápido, con algún que otro error, en vez de decirlo todo correctamente y emplear un tiempo excesivo y que nadie tiene.

Hoy fue en una de esas tardes que salí demasiado temprano del trabajo para el curso y decidí matar un poco el tiempo en un café. Lo que vi en el televisor me pareció primero una película de acción con buenos efectos especiales porque el avión se incrustó contra el edificio y me sorprendí de lo bien que había quedado.  Me acerqué para ver mejor el filme y las letras moviéndose de derecha a izquierda por debajo de la pantalla me gritaban que aquello era real. Lo primero que hice fue lamentarme del desgraciado accidente y  dolerme por los que estaban dentro del avión o de la torre. El edificio seguía en llamas cuando apareció de sorpresa el otro avión y se estrelló contra la torre gemela que quedaba sana. El schock que me provocó ver aquello en directo fue brutal e intentaba buscar otra explicación lógica que no fuese un ataque terrorista, pero no la encontré.  Me quedé clavado en el lugar viendo lo imposible e incapaz de leer las letras en alemán demasiado deprisa.  Entonces sucedió un hecho que me marcó y que se sigue repitiendo en mi mente: una persona se lanzó al vacío desde uno de los pisos superiores.  Todavía cierro los ojos y veo ese cuerpo cayendo e intento entender que pudo pasar por la cabeza de aquel ser para hacer eso. Qué nivel de desesperación debió de sentir para preferir una muerte rápida antes que intentar salvarse, aunque no existieran chances posibles. ¿Sabía esa persona que los edificios se desplomarían como fichas de dominó inexplicables hacia abajo? No sé, pero me duele esa persona que nadie sabrá nunca quién era. Me duele la maldad humana y los intereses de mierda, porque al final todo es cuestión de intereses económicos  escondidos detrás de ideales para manipular a las personas.

La crueldad humana no tiene límites y puede llegar a hechos detestables, da igual si incrustan dos aviones contra dos torres gemelas o tumbas aviones civiles en aguas internacionales, Si aterrizas un Boeing en un edificio con civiles entre los que hay niños o tumbas con mangueras de alta presión  a otros civiles  incluidos niños también, que solo quieren llevarse un remolcador. Da igual si lo planificas desde una cueva escondido en las montañas o en una casa lujosa, adulado por tus subordinados y protegido por miles de escoltas. Es lo mismo poner una bomba y hacer volar a inocentes por los aires que fusilarlos sin juicios justos y apresurados.  Al final es el mismo demonio en la tierra y puede tener barba o afeitarse, vestirse con la piel oscura o bien blanca o usar turbante en vez de una gorra militar. Es la misma mierda por todos lados que se quiere vender como benefactora mientras hunde al género humano en su pestilencia.

Hoy no tenía ganas de gramática, ni cabeza para los idiomas y me fui a casa a pedirle a dios, sin ser religioso, por el alma de todas las victimas que murieron y siguen muriendo en las manos de ese diablo de mil caras que había visto de cerca. La muerte es lo único que no tiene solución en esta vida, nadie puede revivir a un muerto, pero le debemos respeto y solo nos queda exigir la verdad con justicia. Tanta maldad, ocurra donde ocurra, no se puede olvidar nunca, prohibido olvidar.