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XXXVIII. 15 de octubre del 2001. La fiesta del vino

21 de abril de 2021

¿Y esto era el verano? La pregunta llegó atrasada y casi sin sentido. Desde el mes de junio estuve esperando mi primer verano europeo y ahora en octubre me doy de cuentas que pasó en puntas de pies y sin avisar. El frío de las mañanas me avisa que ya se acaba lo que nunca empezó. Me resulta increíble que ya llevo seis meses trabajando con la consiguiente buena noticia de que el periodo a prueba ha culminado y mi contrato es fijo, claro que no tenía dudas de que sucediese porque en la empresa están muy contentos con mi trabajo. De todas maneras, me sorprendió la carta de mi empresa, donde en un tono super ceremonioso me felicitaban por haber pasado con éxito el periodo de prueba. Lo más importante, sin embargo, no es el trabajo fijo en sí, sino que cualquier banco te da un crédito y aunque no pienso en eso ahora, es bueno tener la tranquilidad de una solución en caso de que el cohete entre en una depresión de la que no logre salir. A veces me sorprendo de mis reacciones contradictorias porque con la carta y el anuncio del trabajo fijo en vez de acomodarme he sentido la semilla de inconformidad crecer. Quizás el viaje tan largo todos los días me pesa más o la mejora de mi idioma alemán me incita a probarme en trabajos más complejos, sin obviar que ganar más dinero es siempre un muy buen motivo para pensar en la idea de buscarme otro trabajo. De todas maneras, debo acopiar paciencia porque por los cursos que pasé en Stuttgart, estoy atado a esta empresa hasta abril del próximo año.

En el trabajo llegó un nuevo jefe de la firma y apareció en una reunión de toda la empresa donde hablaron de los logros y metas. Fue curiosísimo porque cuando el hombre de unos cuarenta años se presentó, lo primero que habló no resultó ser acerca de su experiencia, sino que era casado y que tenía tres hijos. Yo por dentro de mí pensé: ¿Y eso a mí que me importa?, pero comprendo el tema de las diferencias culturales que de vez en cuando me sorprenden. A mí nunca se me ocurriría presentarme en un grupo de personas y decir que soy soltero o casado, en Cuba me mirarían raro y pensarían mal de mí. Trato de encontrar una lógica al asunto y creo que los cubanos, casados o no, siempre piensan en una posible aventura. Llegar y decir que uno es casado, te declara al instante con pocas ganas de divertirte. Ya que hablamos de diversión, el fin de semana fui a la fiesta de los vinos en Neustadt.

Una de las regiones vitícolas más importantes en Alemania es sin dudas el Pfalz, que en español sería el Palatinado, una palabra que, por cierto, no se parece a su original alemana en nada pues el día que le tocó al monje hacer la traducción tenía el gen creativo al máximo. Esta zona está llena de pueblos que producen vinos y en el verano cada pueblo realiza sus fiestas del vino. Todas son más o menos iguales y se organizan para que cada fin de semana se realice en un lugar distinto.  Desde el viernes los pueblos se visten de gala con aparatos de juegos para niños, tiendas de artesanía, quioscos con artesanías, comidas tradicionales y conciertos de música en vivo. Normalmente tocan artistas locales y aprovechan los aficionados de la región para presentar coreografías, coros y bailes típicos de algunas nacionalidades. Allí te puedes encontrar con mujeres un poco pasadas de peso y de edad bailando el baile del vientre sin nada de pena y con una emoción que merece más de un aplauso. Luego de todo un verano de fiestas pintorescas ocurre la mayor de todas en la ciudad de Neustadt an der Weinstrasse. La celebración es una especie de agradecimiento por la cosecha y es muy similar a la de los pueblos, pero mucho mayor, con más aparatos para los niños, carruseles, estrellas giratorias y muchos más quioscos de comida y de vinos. Al inicio de esta fiesta, que en este caso demora unas dos semanas, se elige a la reina del vino alemán en una competencia super interesante entre muchachas bonitas e inteligentes que además de ser agraciadas, es muy importante que conozcan de vinos, de las uvas, su cultivo y de la región. El evento más importante lo constituye el desfile de los viticultores  donde se admira a la elegida reina y donde entre todos los productores de vino se cuelan algunos negocios y clubes deportivos que quieren hacerse públicos. En el desfile singular me sorprendí deseando ver en vez de tractores con carretas engalanadas manejadas por campesinos alegres saludando, a carrozas coloridas con mujeres de cinturas descoyuntadas bailando músicas cubanas. Dentro de tanto orden y tranquilidad deseé meterme en una pelotera para comprar una perga de cerveza aguada o ripiarme para comprar un pan con lechón de los que tienen más cartílagos que carne dentro. No me quejo y la experiencia fue agradable sobre todo porque todos los vinos que probé estaban exquisitos, aunque después de la tercera copa la capacidad de apreciación se anula a mínimos. En mi opinión, lo mejor de la fiesta no fue el concierto final que hubiera deseado fuese de salsa en vez de rock, ni el fabuloso espectáculo de  fuegos artificiales que alumbro la noche, sino el Saumagen. El Saumagen (traducido como estómago de puerco) es una comida típica de la región. El nombre lo dice todo porque se rellena el estómago del puerco con carne de cerdo, salchichas, papas cocidas y un montón de especias que no me acuerdo y que luego de cocido se sirve con una salsa deliciosa que hace olvidar al cerdo asado cubano. Y mucho vino para olvidar las congas, el pan con puerco y la rareza de descubrir que con lo buena que está la música no logré encontrar a nadie que se moviera con el ritmo de la mulata que sigue bailando encima de la carroza tropical.