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MURILLO Y LA TETA DE JANET JACKSON

14 de mayo de 2021

Hace ya más de 17 años en el espectáculo deL mediotiempo del Superbowl XXXVIII, Justin Timberlake le sacaba la teta a Janet Jackson para afuera y lo que esperaban que resultarse un super exitazo se volvió un problemón, y no porque había niños en la audiencia como habían dicho inicialmente, sino porque la teta no estaba tan buena y además para decepción de los mirahuecos, no se veía el pezón. Le habían puesto una estrellita para embarajar y eso además de molestar a los que querían ver la teta completa los enfureció porque si se va a hacer algo, o se hace bien o no se hace.

Pero eso no es lo peor, lo más triste es que, aunque se caía de la mata que todo había estado preparado y la pobre Janet, solo había puesto su teta, la dejaron solita comerse la culpa de la indecencia y Justin Timberlake, que fue quien le rompió el tirantico para sacarle la mondonguera pa´ fuera se quedó tranquilito sin decir nada y la gente lo olvidó, así como al director del espectáculo que fue naturalmente el de la idea jodedora.

La pobre Janet Jackson (que tan pobre no era) porque sí era responsable, pero no sola. A fin de cuenta por mala que estuviera la teta o por muy escondido que se encontrara el pezón, la teta era sin dudas de ella. Claro que a Janet fue a la única que no llamaron más para los conciertos multitudinarios, sus discos, ya sin propaganda, se dejaron de vender como granizado en verano y ni en los cumpleaños de niños la querían porque cuando se ponía a cantar, aunque tuviese un vestido de cuello de tortuga, todo el mundo le veía la teta afuera.

Me imagino que el lector ande preguntándose qué tiene que ver la teta de Janet Jackson con Marino Murillo, pues les respondo que tienen mucho en común y no es que Murillo tenga tetas, que si las tiene porque si pesas mas de trescientas libras y mides menos de seis pies, el par de tetas (lanudas porque son de hombre) no te las quita nadie de arriba. Pero pongámonos serios que nuestro ex ministro no las anda enseñando por ahí, aunque si las ponía encima de la mesa redonda cuando hablaba porque no le quedaba más remedio.

La similitud es metafórica porque en este caso, la teta es el ordenamiento, Janet es Murillo, Justin sería Díaz Canel, y el director del espectáculo todo el mundo sabe quién es. Pues resulta que los confabulados en sacar la teta, es decir en aplicar el ordenamiento, confiaban ciegamente en el éxito de la empresa (sin motivos para ello), pero su aplicación resultó un fiasco monumental de proporciones bíblicas que todavía no saben cómo arreglar. Díaz Canel, como Timberlake, se hizo el chivo con tontera y se fue tranquilo sin asumir su responsabilidad de haber sacado la teta en actuación muy poco convincente. Y no tenemos ni que hablar del director de la orquesta que se acaba de retirar diciendo que lo hace con el deber cumplido de arruinar el país y dejó a Timberlake creyéndose que es el que más canta y a Janet con la teta en la mano sin saber que hacer y preguntándose que hizo mal si solo dijo lo que le dijeron que dijera sin salirse del guión.

Mientras tanto a Janet nadie la quiere ver, la olvidan en los congresos y la eliminan de los comités centrales como si tuviera una enfermedad contagiosa o una teta podrida. Todos pretenden echarle la culpa a ella sola de su teta desorganizada, pero sin negar la responsabilidad que le toca por asentir y dejarse usar, sigue siendo injusto que los culpables principales estén tan campantes y que pague ella sola por el desastre. Porque lo peor es que Murillo sigue con la teta afuera o lo que es lo mismo: el ordenamiento desastroso no se ha revertido, sigue desorganizado y causando estragos, pero ya eso a nadie de los que mandan en el gobierno les importa. En definitiva, qué más da una teta más o una teta menos, si de todas maneras no se le ve el pezón.