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¡QUE VIENE EL ÑEQUE!

7 de mayo de 2021

En Cuba existe una palabra que no es de las más utilizadas y puede que hasta algo olvidada porque los cubanos somos demasiado supersticiosos para otorgarle tanto poder a un vocablo que significa mala suerte. Los españoles no se cortan cuando hablan de “gafe” o los venezolanos de “la pava” pero a nosotros no nos gusta decir “ñeque”. Preferimos llamarlo simplemente mala suerte o buscar metáforas más coloridas como “estar cagado de aura”, “tener un chino atrás”, o “estar sala´o”, entre otras.

Yo quiero, sin embargo, recuperar al “ñeque”, sobre todo porque nos ha tocado “bailar con la más fea” y el Ñeque que tenemos delante es de marca mayor. Este especimen más que jodernos la existencia, nos la va a convertir en una ruina si no nos deshacemos muy pronto de él. Pero antes de presentárselos hagamos un preámbulo de la situación que lo precede.

Repasemos lo sucedido en los últimos tiempos para comprender el problema en toda su magnitud y propongo comenzar el 12 de enero del 2017. ¿Qué sucedió ese día? Pues ese día el presidente Obama, aburrido de no tener nada que hacer en sus últimos días en la Casa Blanca se “levantó con el pie izquierdo” y con tremendas ganas de joder a los cubanos decretó el fin de la política de pies secos-pies mojados. Yo creo que el mulato estaba todavía molesto por haber tenido que embarajar y poner la “manito monga” durante el hecho penoso del anfitrión tratando de levantarle el brazo (cosa esta hecha por pura manía, pues después con la misma alegría se puso a hablar pestes de quien se tuvo que llevar de regreso la Rosa Blanca ofrecida).

El aburrimiento de Obama, provocaba sin querer, el primer aviso para nuestro Ñeque en ciernes, que como buen Ñeque no la veía venir. A lo que aparentemente constituía una victoria revolucionaria le comenzó a salir filo por el otro lado pues de un tirón se cortó un flujo silencioso y masivo de cubanos hacia los Estados Unidos. No era un secreto que la mayoría de los participantes de la estampida eran inconformes que le iban arriba al monstruo  por todos lados con ganas de desayunar, almorzar y comer todos los días y que su salida ayudaba a aliviar la insoportable presión de la olla tropical.

El verbo emigrar (lo digo por experiencia propia) por duro que parezca, es más fácil de conjugar que el de protestar porque este último tiene muchos sinónimos en Cuba y se confunde con golpear, encarcelar, denigrar, chivatear y hasta rejoder la existencia.

Así que sin comerla ni beberla y por culpa de un viejo adicto a levantar brazos ajenos que se equivocó de mano, miles de cubanos se quedaron en el medio de la nada sin chicha, sin limoná y sin posibilidad de entrar al Yuma y convertirse en financiadores de la dictadura pues resulta que en Miami los gorriones tienen la mala costumbre de atacar a los cubanos y obligarlos a mandar remesas y a recargar celulares con frenesí mientras esperan el año y un día de castigo requerido para regresar a comerse la carne fresca criolla que en el norte brutal no se encuentra al alcance de todos.

El mulato aburrido con su decreto también le hacía un favor al, en ese momento, recién electo Donald Trump, pues le resolvió la tarea incómoda de revisar la humedad del pie y el presidente improbable por muy fiero que se haya puesto después con la dictadura, no le alcanzó la molestia para poner de nuevo la política de pies secos –pies mojados. Cosa muy lógica para los americanos e incomprensible para los cubanos que no acaban de entender que la isla de Cuba no es el centro del planeta tierra y que los americanos defienden y velan por los intereses de los americanos en vez de los intereses de los pobres cubanos.

Los pobres cubanos (repito la palabra para acentuar la pobreza) no tenemos a nadie que vele por nuestros intereses. Por nosotros no velaba ni nuestro flamante “Rey Midas a la inversa” que se había metido dentro de una piedra apenas unas semanitas antes de ganar Trump, me imagino que porque se lo olía venir. Nuestro “Rey SADIM” (SADIM es MIDAS al revés por si no lo habías notado), poseía una patología singular, pues contrario al Rey Midas original que convertía en oro todo lo que tocaba, también transmutaba todo lo que pasaba por sus manos, pero en mierda.

Fíjate si nuestro Rey SADIM era bueno transmutando cosas que queriendo producir diez millones de toneladas de azúcar descuarejingó a la industria azucarera, tratando de industrializar el país construyó fabricas que quisieron hacer trenes y terminaron haciendo cafeteras, cruzando vacas Holstein con Cebuses que resultarían en supervacas casi logra extinguir al animal al obtener vacas enclenques, logrando récords mundiales de leche desparramada lo que hacía era matar a Ubre Blanca de apretarle tanto las tetas, mojando las matas de plátanos con goticas jodedoras arrasaba con los platanales de Bartolo, Le quitó los refrigeradores americanos funcionando a la gente y les vendió unos chinos para gastar menos, y se terminó extrañando a los americanos pues los chinos  se rompían enseguida y tratando de buscar el hombre nuevo lo que encontró fue un pinguero que le daba lo mismo usar el Granma como papel sanitario de atrás palante que de alante patrás. Pero seamos justos que nuestro Rey SADIM que no era ñeque para nada porque aguantó como un viejito bueno hasta el final de su vida sembrando moringa en el patio de su casa.

Regresemos por tanto a nuestro Ñeque de verdad y que imagino ya han descubierto, el mismo que oficialmente se nos convierte en presidente el 19 de abril de 2018, bueno lo de presidente es jodedera o algo así como una expresión coloquial, porque todo el mundo sabe que el Ñeque ni en su casa manda. Pero lo que no se puede negar es su talento para decir lo que le orientan sin sonrojarse, así le pongan a asegurar que la limonada es la base de todo, que el guarapo es la bebida nacional o que para el desarrollo sostenible hay que esperar hasta el 2030, que es algo así como “caerse de espaldas y partirse la nariz”.

¿Y por qué es un “ñeque”? Me perdonas, pero eso te lo voy a contar en mi próximo escrito de mañana que espero no te pierdas, por el momento me voy corriendo que veo un gato negro que me viene parriba y ese cabrón no me pasa por delante a mí ni a jodía…

Mañana te enteras de cómo el Ñeque empieza con el pie izquierdo…