Saltar al contenido

COMO CALIENTA EL SOL AL LADO DE MI MUJER DE PLAYA

15 de septiembre de 2020
Mujer peliroja en la playa

Llevo apenas unos minutos sentado en la arena de la playa y siento que aquí sucede algo extraño y no es el sol que me achicharra el cerebro sin clemencia. Quería algo de tranquilidad e imaginé que podía sentarme en esta tumbona mientras revisaba algunos post que pienso publicar en mi web, pero está ocurriendo algo inexplicable que no me permite concentrarme. La rara sensación de algo inmaterial introduciéndose en mi cuerpo a través de mi nuca me domina. El proceso sucede con lentitud y me provoca cierto placer. No logro identificar qué se deleita reconociendo mi yo interior en algo similar a un proceso de expansión dentro del alma. Me gustaría reciprocar ese sentimiento pero primero tengo que entenderlo y pronto porque ya se convierte en un desespero adictivo que desde la espiritualidad conquista mi materia. Mi corazón lo sabe y late lanzado sin motivo aparente. Si esto sigue así no podré evitar correr como un demente por la arena sin saber bien hacia donde… Espera un momento que creo que ya voy entendiendo. Mis síntomas se agravan cuando la muchacha de pelo rojo largo y cuerpo de sirena a la orilla del mar aparenta no mirarme sin lograrlo. La descubro sonriéndole al libro que lee mientras el rabillo de su ojo la delata e intenta cambiar de posición con sensualidad para ubicarse en al ángulo ideal que me permita observarla mejor desde mi puesto. Si, ya no tengo dudas de que es ella, tengo que pensar en algo porque mi cuerpo no aguanta un temblor más. No sé que hacer, que decirle, cómo la invito a tomar algo o…Para ahí un momento que la pelirroja se ha levantado y se va, uff, que decepción. Me lo merezco por estúpido y por pensar de más, cuando las cosas se piensan demasiado no se hacen nunca…Aguanta que…No, no se va. Dios mío, ha tomado el libro en sus manos y como una modelo sonriente en la pasarela de la vida viene caminado con su pelo de fuego despeinado hacia mí. Tengo deseos de meterme debajo de la tumbona, pero eso no puedes suceder. Y ahora que carajo hago, como le respondo para que no me salga mi voz de toro capa’o o como le sonrío sin que descubra mi sonrisa de guanajo. Ya llega, ya llega… trágame arena, trágame arena,…, pero bueno tampoco te lo tienes que tomar tan en serio y si me vas a tragar escúpeme pronto o mejor no me tragues porque era una metáfora. Hay una sonrisa maravillosa adornando un pelo rojo que me saluda y yo tengo muchas ganas de conversar.