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REACCIÓN INESPERADA A UNA PREGUNTA SIN RESPUESTA

8 de octubre de 2020

Te descubro en la distancia y te acercas decidido a mi encuentro mientras leo el enigma de la pregunta sin respuesta en tus ojos sonrientes. No necesito disimular la certeza de no tener escapatoria y miles de horas buscando la salida a tu pregunta han resultado insuficientes. Antes de aceptar mi derrota prefiero evitar tu presencia incómoda, pero siempre descubres la manera de demostrar mi absurda incapacidad. Son solo diez palabras simples que mezcladas dan vida a un juego desesperante sin principio ni final. Llego a creerme que es una metáfora de la propia vida, porque se encarga de demostrarte qué hay interrogantes sin solución, que la verdad no es patrimonio de nadie y que existen respuestas que escapan a nuestra comprensión. Tal vez sea el camino que escoge el destino para el enseñarnos que la vida no debe ser nunca tomada en serio y que siempre estamos a tiempo de reconocer que somos demasiado insignificantes para encontrarle un sentido a algo demasiado más inmenso que nosotros mismos. Me gustaría poder asimilar mi derrota, pero es que soy un cabeza dura y mi mente intransigente se resiste a dejarse vencer. Sin opciones ya espero desafiante tu llegada con la famosa pregunta sin respuesta que no deja en paz a mis neuronas.

-¿Quieres que te haga el cuento de la buena pipa? – Me preguntas sonriendo y sabiéndote vencedor.

-Me cago en tu madre, comemierda.

Yo creo que esta vez y de carambola he acertado con la respuesta correcta, porque han pasado ya dos horas y no me has dicho nada más.