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VIII. 30 de enero del 2001. El correo alemán.

1 de febrero de 2021

La semana pasada la dediqué a preparar bien el CV en alemán y a enviárselo a las veinte empresas que tenía seleccionadas con plazas vacantes en trabajos relacionados con CAD. Me recuerdo ahora de un muy buen profesor de la facultad de mecánica que me encontré en el MINREX mientras legalizaba mi título y mi certificado de notas de la CUJAE. Este profesor estaba haciendo un trámite pues iba a dar unas conferencias en otro país y se acongojó mucho cuando se enteró que me iba del país. En tono muy amable me dijo que el país perdía otro ingeniero y la posibilidad de ayudar a crear una industria importante para su desarrollo.  Me dio mucha pena, pero le informé a mi querido profesor que yo, el mejor graduado de mi especialidad de construcción de maquinarias de la CUJAE del 1994, llevaba seis años trabajando en Cuba y todavía no había construido ni una tuerca, nada, cero, finito, el éter. Había estudiado con pasión cinco años para no tener ni siquiera la oportunidad de aplicar algo de lo aprendido.  El profesor tuvo que bajar la cabeza y para aflojar la tensión le tiré el brazo por arriba y le susurré, porque estábamos en el MINREX, que otras tierras del mundo reclamaban el concurso de mis modestos esfuerzos. Le arranqué una sonrisa a mi buen profesor y en un arranque de premonición supe que el también se iría más tarde o más temprano. Por su bien espero no haberme equivocado. Me acordé del profesor enviando currículos porque me encontraba en una disyuntiva importante. Claro que quería trabajar en algo relativo a la ingeniería mecánica, porque además era mejor pagado, pero tenía que estar preparado para el peor de los casos. Me puse una meta: seis semanas, como la canción de los Van Van.  Si en seis semanas no encontraba trabajo relativo a especialidades técnicas me pondría a fregar platos, a llevar pizzas por encargo, o a lo que apareciese, estaba decidido. Necesitaba concentrarme en la búsqueda de empleos porque vendrían con suerte entrevistas de trabajo en distintos lugares y necesitaba tiempo, además que necesitaba estudiar vocabulario técnico en alemán del cual no tenía ni idea. La primera palabra que busqué fue tuerca, porque en Cuba no había hecho ni una tuerca y me recordé del animado del niño que tenía un papá tornero que hacía tuercas. Me decepcioné un poco de la capacidad creativa del idioma alemán para encontrar palabras nuevas pues tuerca se dice Mutter, que es lo mismo que madre. Es decir, para los alemanes la tuerca es el inicio de todo y aunque sea poco creativo no deja de tener sentido. Si algo son los alemanes además de organizados y disciplinados, son lógicos, por eso construyen carros. Muchos de las aplicaciones de los trabajos las envié por correo postal y me resultó increíble descubrirme por primera vez en mi vida enviando una carta. Parece estúpido, pero es así y reconozco que acabo de darme cuenta que la carta con el sello es franqueada en el correo, es decir allí le ponen un cuño a un lado del sello postal. En ese momento entendí la gracia de la filatelia, pues los sellos postales tenían que estar franqueados en algún lugar de la tierra y eso le otorgaba un toque de especial a aquel simple papelito que no bastaba con comprarlo en una tienda y ponerlo en un álbum. Por cierto, ¿en Cuba franquean las cartas? Muy buena pregunta, porque, aunque la lógica dice que sí, no podría asentir con toda seguridad, porque me imagino que, si no hay tinta, el cuño está roto o perdido o el empleado tiene bursitis en la mano o se hace el loco para que le des algo por la difícil tarea de apretar un pedazo de madera entintada encima de un papel. Aquí el trabajador del correo alemán pone el cuño rapidísimo y nunca pide más que el costo de enviar la carta que depende del peso pero que es menos de un Marco alemán, no sé exactamente porque como no entiendo nada. La empleada dijo el precio y yo le di una moneda de cinco Marcos y me devolvió un montón de calderilla, por eso calculo más o menos el precio así. En Alemania en las ciudades importantes siempre se encuentra una oficina de correos alemanes, el Deutsche Post, que se dedica además a vender artículos de oficina y tienen incluso un banco, sin embargo, en las afueras o en pueblos pequeños, como en mi caso, son otros negocios que además incluyen el servicio postal, en mi caso era una tienda de bicicletas y artículos de ciclismo. Estuve dos horas fuera de la tienda practicando la pregunta para saber cuándo demoraba la carta en llegar pues sacando cuentas con los tiempos de demoras de correos cubanos, las seis semanas estaban en peligro. Después de mucho diccionario llegué a la siguiente frase:  Ich möchte gerne wissen (esto ya me lo sabía de antes porque significa “me gustaría conocer” y eso lo repetiría muchísimo) wann der Empfänger erhalt diese Brief, que sería en español quiero saber cuándo el destinatario recibe la carta. De las dos horas pasé una tratando de decir Empfänger (destinatario)porque la A con dos puntitos es un sonido entre la a y la e. La técnica dice que pones la boca como si fueras a decir A, pero dices E, así parece simple, pero soy la prueba viviente de que no. La pregunta la tuve que hacer cuatro veces, a distintas alturas y velocidades, pero nunca estuve seguro de haber sido entendido. De lo que no tuve duda fue de que el que no entendió fui yo, solo me pareció descubrir dentro de aquellos sonidos indescifrables de la muchacha un ligero “ein Tag”, que es “un día” y no le creí, pero me tuve que ir porque ya se formaba una cola detrás de mí y una vieja a mis espaldas parece que protestaba. Yo que soy positivo quise pensar en un halago, pero la cara de tranca no dejaba dudas. Luego supe que sí, que demoraba solo un día el envío de las cartas dentro de Alemania, me admiré de la eficiencia y mis seis semanas respiraron aliviadas. En unos días espero tener las primeras respuestas y la incertidumbre me domina, ya di el primer paso, ahora solo me queda esperar y que la suerte me acompañe.